Una bolsa tiene una textura, una capacidad, una utilidad, una tercera dimensión que un anuncio en papel, por ejemplo no tiene. El recorrido vital de una bolsa puede ser tan largo como resistente sea su material. Una misma bolsa puede iniciar su viaje de la mano de un comercial en una feria de Barcelona y acabar sus días tres años después en un hotel de Kuala Lumpur.
En todo ese tiempo, la bolsa ha podido viajar en avión, subir y bajar las escaleras de unos grandes almacenes, pasar noches en la sala de espera de un hospital o ir a diario en un tren de cercanías.
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